La explicación más aceptada hoy para el origen de la Luna es el impacto gigante. Hace cerca de 4,5 mil millones de años, un cuerpo del tamaño de Marte (apodado Theia) habría colisionado con la Tierra todavía joven. Los escombros lanzados a órbita se habrían aglomerado y formado la Luna. La idea fue propuesta en los años 70 y ganó tracción en la década del 80, después de simulaciones computacionales más sofisticadas.
Por qué esa es la hipótesis ganadora
Antes de Theia, competían tres hipótesis:
- Co-formación. La Luna y la Tierra se habrían formado juntas a partir del mismo disco protoplanetario.
- Captura. La Luna habría nacido en otro lugar y habría sido capturada gravitacionalmente por la Tierra.
- Fisión. La Tierra estaría girando demasiado rápido y habría expulsado material que se convirtió en la Luna.
Cada una tenía problemas serios:
- Co-formación no explica la falta de hierro lunar. Si los dos cuerpos se formaron juntos, deberían tener composición similar, pero la Luna tiene mucho menos núcleo metálico en proporción.
- Captura exigiría condiciones orbitales extremadamente improbables para frenar un cuerpo grande y ponerlo en órbita estable.
- Fisión exigiría una rotación inicial absurdamente rápida para la Tierra (algo como 2 horas por día), sin mecanismo plausible para frenarla después.