El 9 de octubre de 2009, la NASA estrelló a propósito un cohete Centaur dentro del cráter Cabeus, cerca del polo sur de la Luna. Justo después, la sonda LCROSS atravesó la nube de escombros levantada por el impacto, midió lo que había allí, y se zambulló también en el cráter. El objetivo era simple: confirmar si había agua en estado de hielo en las regiones permanentemente sombreadas del polo lunar.